sábado, 7 de mayo de 2016

Adormecida

Adormecida la piel no sabia ya de su existir, dormida y siempre en penumbra, no sabia ni siquiera que habitaba un cuerpo y que este a su vez andaba vagando sin rumbo y a la par el cuerpo se había olvidado que transportaba un corazón. Un corazón ávido por la latir con algún sentido, porque ya no encontraba el suficiente oxígeno para alimentar unas arterias casi vacías de sangre, porque los pulmones no tenían más razón para respirar que seguir en esa inercia mecánica del porque sí...sin más.

Pero bastó una caricia para despertar la piel,
Bastó una mirada para encontrar un rumbo, el sur cálido de la vida.
Le bastó la calidez de un abrazo y la pasión en una mirada para que el corazón llenará el cuerpo de ardiente sangre y los pulmones recordaron lo bello de respirar al unísono con otro par de pulmones.
Y así resucitó un cuerpo casi enterrado en lo extraño de la vida sin vivir.

Y vivió
Vive
Y ahora ya no sabe reflejarse en otros espejos que no sean sus ojos y no sabe despertar en otras caricias que no sean las suyas.
Y lo llamaron amor.
Amor eterno.

Sara Gómez Mendiguchía