La calma parece desterrar cualquier vestigio de tempestad y la serenidad llega como el sol entre las nubes.
Donde la tormenta descargó su furia con estruendo y oscuridad, ahora la luz atraviesa las nubes con una suavidad casi sagrada.
Un nuevo latido nace del barro espeso que dejó la lluvia torrencial. Una voz nueva que crece desde lo más profundo del alma.
Miro mis manos mojadas por el temporal.
Ya no tiemblan, ahora huelen a madera que resiste.
Hay hilos de oro que solo el dolor teje.
Te sostienen cuando el suelo parece desaparecer.
Te sostienen cuando el suelo parece desaparecer.
Sí, soy otra después de la tormenta.
Después de cada tormenta.
Entre la tormenta.
Y a veces soy la tormenta.
Sara G. Mendiguchia
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