Sé que no tengo nada de especial,
que soy apenas un rastro de humo
en una habitación que nadie habita.
que soy apenas un rastro de humo
en una habitación que nadie habita.
A veces me invento un incendio en el pecho
y creo que puedo sostener el cielo,
pero luego me apago, me vuelvo aire,
y me diluyo en el rincón más oscuro.
y creo que puedo sostener el cielo,
pero luego me apago, me vuelvo aire,
y me diluyo en el rincón más oscuro.
Y en este vacío no hay dolor,
solo la extraña calma de saberme nadie,
de no deberle un destino al mundo
ni una explicación a mi propio reflejo.
solo la extraña calma de saberme nadie,
de no deberle un destino al mundo
ni una explicación a mi propio reflejo.
Soy este silencio que se mira las manos,
esperando que el péndulo vuelva a moverse.
esperando que el péndulo vuelva a moverse.
Sara G. Mendiguchia
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