martes, 15 de octubre de 2013

LA NIETA DEL ALEGRE

Apodo: Nombre que suele darse a una persona, bien tomando sus defectos o alguna otra circunstancia. 

Mote: Sobrenombre que se le da a una persona  por una cualidad o condición suya. 


Provengo de un pueblo donde los motes son algo cotidiano. Hay pocas personas, en especial las oriundas , que se libren de algún calificativo ya sea agradable o no .
Los hay de todo tipo, pueden estar relacionados con sitios y lugares, con la profesión del interfecto, inspirados en características personales o  bien reflejar una parte de la fisionomía de alguien. Pueden ser originales y divertidos y, por supuesto, recibidos como un insulto.
Apodar o motejar es una manera que tenemos  para "bautizar" o que nos "bauticen" amén del "sacramento recibido en la Iglesia " o a cambio del nombre que consta en el la fe de nacimiento.
En mi pueblo tenemos , por poner algunos ejemplos, el chugé, el hijo del ahorcao, el mocho, Carmina la larga,  Carmina la coja, los chonucos., la mujer del farmacético, el diablo...
No escribo más porque los hay hasta aburrir.
Mi familia no es una excepción en cuanto a motes  o apodos se refiere.
Mi abuelo,  era un privilegiado pues, a saber, al menos tenía dos. El primero, el más familiar ,  como nos dirigíamos a él cuando queríamos saber dónde andaba era El Amo. El amo porque en un periodo de su vida fue el amo del barrio, ya que una barriada de casas fueron de él y algunas de las tierras que más tarde la guerra y algunas otras cosas quisieron quitarle. Pero aún con menos tierras, menos casas, más hijos, decepciones  y alegrías, siguió siendo el amo.
 Después, con el transcurrir de los años, tuvieron a bien  los paisanos de esta comarca, concederle un nuevo apodo, por aquello de adaptarse a la nueva etapa de su vida. Éste, el más popular, es el que ha perdurado en el tiempo y que hemos heredado  los descendientes de mi amado güelito. El alegre. Sí, el alegre que puede parecer, así a primera impresión, hasta bonito y agradable. 

Esto  es lo que pensaba y creía hasta que hace unos días empece a indagar en el porqué del apelativo. 

Pues bien , resulta que he descubierto que, escuchando historias familiares, conversaciones y  cosas que me contaba mi abuela, he construido mi propia biografía sobre nuestros motes. 

 La realidad del primer apodo viene a ser que así le llamaba mi abuela a mi abuelo, sus motivos  tendría...
"El alegre" no nació en el pueblo de adopción de mi abuelo, sino que lo hizo, como mínimo en su  lugar de nacimiento y , por lo contado, antes de que el llegara a este mundo. 

 ¡Vaya, qué sorpresa la mía! Saberme portadora de un mote perteneciente a mis antecesores, como mínimo hace cien años, nada más y nada menos. Ahí es nada 0-0
Hemos sabido encajar con gracia y  simpatía esta seña de identidad, este calificativo, que aún hoy perdura en el tiempo
Ni mucho menos el mote murió con el dueño, mi abuela era la mujer del alegre, mi padre. que aún siendo portador de un apodo personificado, sigue siendo el hijo del alegre para los más antiguos habitantes de ésta pequeña comarca. Para los no tan antiguos es Pedro el tapicero y para los de su generación la definición es otra, osea que "oficialmente" tiene tres apodos.
Y yo soy la nieta del alegre, la mediana del tapicero y no sé si,  para mis vecinos más actuales, soy portadora de algún apodo del que no sea  consciente. En el instituto también era portadora de un calificativo, sí, uno que hacía referencia a una parte de mi anatomía que no tengo intención de desvelar no no no. Ni la parte ni el apodo. 


En fechas actuales, aunque no queremos admitirlo, seguimos teniendo esta costumbre, quizá los usemos en círculos más íntimos y nos sonrojemos si nos pillan dirigiéndonos en público por el apodo y no por su nombre legal.
Me declaro aficionada a motejar. 

Casi se me olvida, que memoria la mía, por los lares del facebook también se me conoce como la  trilliza (éste le comparto con Rosama y Lys)  y alguien por ahí me llama la pequeña por aquello qué de las tres soy la más joven.



                            Se despide atentamente la nieta del Alegre.


 P.D.:  Mi más sincero agradecimiento a mis hermanas Abi y Marisol  por su inestimable ayuda en la adquisición de la fotografía