jueves, 15 de octubre de 2026

Es

Hay veces que algo grita, 
no sabes el qué
no sabes lo que dice. 
Pero grita tan fuerte que no puedes obviarlo. 
Es un grito sordo o tal vez mudo.
Ambos. 
De esos que están dentro de uno pero no encuentran palabras, 
no encuentran como hacerse entender. 
No hay sonido real. 
Pero retruenan. 
Es como si supieras que la tormenta está por llegar 
porque el cielo habla 
antes de tronar.
Es la lava del volcán queriendo salir, 
encontrando el camino para emerger. 

Es una alarma inminente antes de que la razón pueda etiquetarla.

Es, 
antes de ni siquiera nombrarlo. 

Sara G. Mendiguchia

martes, 22 de septiembre de 2026

DESASOSIEGO

Hay veces que el desasosiego entra en mi pecho, esa sensación profundamente humana y a veces aterradora, porque no sabes por dónde amanecerá. Si realmente te indica el camino o son los fantasmas acomodándose de nuevo.
Se instala como una niebla espesa que desibuja las certezas del día anterior. En ese umbral de la incertidumbre, el corazón late con la duda de si esa presión es una brújula o una trampa. ¿Es el alma que avisa un cambio necesario, un timón que gira hacia un rumbo desconocido? ¿O es simplemente el eco de viejos miedos que, como inquilinos tercos, regresan a ocupar los rincones que creíamos haber limpiado?

Al final, sea camino o sea fantasma, la mañana siempre llega, y con ella, la oportunidad de elegir qué hacer con lo que ha quedado en pie.


Sara Gómez Mendiguchia

jueves, 3 de septiembre de 2026

Desierto

Escritora de la nada, 
versos perdidos en el tiempo, 
sufragios de letras desordenadas 
huyendo de mí. 
Lágrimas que escriben versos perdidos 
en otras horas. 
Risas que evocan alegrías 
muriendo al borde del mar. 
Miedos añejos 
saliendo de cuadros viejos. 
Salones vacíos 
después de una fiesta, 
silencios provocados 
porque las palabras 
no supieron ordenarse. 
Lluvia derramada 
en tierra  mojada. 

Desierto en el alma. 

Escribo para no morir 
Y a veces muero un poco 
cuando escribo.

Sara Gómez Mendiguchia

miércoles, 26 de agosto de 2026

Mamá

Hoy le ha costado reconocerme. 
Es extraño ver sus ojos buscándome entre sus recuerdos, recuerdos que se pierden. Caras a las que le cuesta poner nombre y ubicación. Es un agujero en el pecho y contener las lágrimas porque hace muchos muchos días que ya le cuesta adivinar mi nombre. 
Busco, sin éxito, que recuerde quien soy. 
Titubea y pregunta quien soy 
-¿Quien soy mamá? 
-¿Eres la hija de Berto? 
-No mamá, soy tu hija. 
-¡Ay, menos mal! 

Una sonrisa asoma en su rostro, como quien descubre agua en el desierto. 

-¿Y cómo te llamas? 
-Sarai, mamá
Sarai...-musita mientras extiende una sonrisa de alivio por encontrarme. 
Mientras ella me encuentra, yo me pierdo entre la angustia de saber que un día no me encontrará... 


Sara G. Mendiguchia


Sosiego

Ya no corro detrás de los incendios; ahora me siento a ver cómo se apagan. Me costó noches enteras de tormenta entender que mi pecho no tenía por qué ser el refugio de los rayos ajenos. Hoy mi silencio no es vacío, es mi casa limpia, el único rincón del mundo donde el ruido de afuera no tiene permiso para entrar.
Miro mis manos y sé que siguen siendo las mismas, pero ya no se estiran con desespero para retener lo que se quiere ir. Aprendí a suplicar menos y a respirar más. Sentir desde esta calma no me hace de piedra; me hace de madera flotante, capaz de cruzar el río más profundo sin ahogarme en el intento. No espero nada del mañana, ni le debo nada al ayer. Estoy aquí, conmigo, y por primera vez en mucho tiempo, eso es más que suficiente.

Sara G. Mendiguchia

miércoles, 22 de julio de 2026

Anatomía de la tormenta

Tengo fantasmas habitando memorias
y calmas que nacieron de tempestades.
Son sombras tibias, ya sin furia,
testigos mudos de viejas ansiedades.
El viento que antes derribaba muros
hoy solo mece las cortinas del olvido.
Ya no hay naufragio en este pecho,
solo el susurro de lo que ha vivido.
Se aprende a convivir con el invierno,
a tomar el café con la nostalgia,
a ver que el trueno que nos daba miedo
dejó una tierra húmeda y sabia.
No busco ya espantar las viejas sombras,
ni pretendo negar mis tempestades;
hoy mis fantasmas cuidan del silencio
en este puerto de tranquilidades.
Miro hacia atrás sin ira ni lamento,
acepto el fuego que quemó mis naves,
pues hizo falta cruzar el sufrimiento
para entender la belleza de hoy.


Sara G. Mendiguchia

lunes, 20 de julio de 2026

Espérame

"Espérame en el reflejo del agua", le susurraría el sol con voz de fuego apagado, justo antes de hundirse en la línea del mar. Es la sal que queda en los labios de la playa, el rastro de un beso entre la luz y la sombra que se repite de forma infinita. Mientras el sol se hunde para pasar el testigo a la luna y a Venus, el cielo se convierte en un lienzo de transiciones perfectas.


Sara G. Mendiguchia

sábado, 20 de junio de 2026

Hilos

Estoy atada por hilos invisibles. 
Tiran de mí, como un muñeco guiado por las cuerdas de un dueño imaginario. 
Siento el hilo atado a mi pasado, a errores y lamentos ya suficientemente añejos, que a veces mueven alguna parte de mi alma. 
Los hilos de las expectativas ajenas, tirando de un lado a otro, se enredan entre mis manos y mi garganta esperando ser lo que el mundo espera que sea. 
Los últimos se enredan en mis tobillos arrastrándose en la rutina de cada día. 

Tenso los hilos hasta romperlos, líbero mi cuerpo de este ruido esclavo que me ata y camino en la orilla de un mar en calma, un mar de azul cristalino. 

Y respiro. 

Sara G. Mendiguchia





martes, 16 de junio de 2026

Si tú supieras

Si tú supieras como te quiero, 
entenderías porqué mi mirada 
se distrae buscando la tuya 
entre cualquier multitud. 
Es algo que ha ido creciendo 
silenciosamente dentro de mi 
hasta echar raíz. 
Has transformado 
lo ordinario en extraordinario
sólo porque tú estas cerca. 
Comprenderías que mi pecho 
no guarda un sentimiento, 
sino un universo que se expande 
cada vez que pronuncias mi nombre. 
Te quiero en la geometría de tus gestos, 
en el abismo dulce de tus ojos 
y en ese silencio compartido 
donde las palabras sobran 
porque el alma ya lo ha dicho todo. 
Si supieras que eres 
el destino de todos 
mis viajes imaginarios 
y el puerto donde mis miedos 
finalmente descansan, 
entenderías que mi querer 
no es un acto de voluntad, 
sino una fuerza de la naturaleza.


Sara G. Mendiguchia

Habitando

Tu recuerdo me desorganiza los sentidos y me arranca el aliento. 
Es el mar que se agita dentro de mí. Pensar en tí desata en mí una tormenta que arrasa con cualquier cordura. Me hundo en el epicentro de tu oleaje, donde mis sentidos se desorganizan y no saben huir a tierra firme. Es una marea incontrolable que me arranca el aliento y me quema por dentro con un fuego que ninguna lluvia puede apagar. 
Mi piel te reclama en la distancia y me mente no encuentra la calma. 
Habito una ausencia en una habitación sin ventanas, sin salida, esperando sueños que no aparecen. 
Tu recuerdo es la tormenta perfecta de mi cuerpo. Y mi mente naufraga en la inmensidad de tu lejanía, perdiendo el rumbo y toda lógica. 

Me quedo aquí, habitando tu ausencia. 

Sara G. Mendiguchia