Me he quedado con las ganas contenidas en la garganta, con el pulso acelerado pidiendo puerto. No me basta con recordarte, necesito que la marea de tus ojos me pase por encima, me empape y me obligue a perderme en ti.
Es un océano entero pidiendo paso en mi pecho. Es una tormenta, es la urgencia de las olas rompiendo en las rocas, viva, rápida y voraz, que no piden permiso, rompen contra las olas para volver al mar.
Es buscar ese punto exacto donde el iris se vuelve tormenta y luego calma.
Sara G. Mendiguchia.
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