Tengo un defecto
Escucho tanto
que escucho
los intervalos entre
las palabras.
Aprendí que lo que no decimos
a veces
pesa más que lo que sí decimos.
A veces es cruel para mí.
Otras una bendición.
Es la acústica del silencio
donde el eco de la voz silenciada
resuena en una vibración
casi imperceptible.
Casi.
Es el estruendo de un alma
que solo quería mostrar
la superficie.
Son las palabras
que no encuentran
el camino al exterior
porque el miedo
las consume.
A veces la bendición
que me permite
abrazar lo invisible
y entender el amor,
o el dolor,
mucho antes
de que se conviertan
en sonido.
A veces la crueldad
que me obliga
a ver el fondo
de seres disfrazados
de espejo,
queriendo reflejar
almas ajenas.
Y a veces me encierro,
deliberadamente,
solo para no oír los ecos
del mundo.
Sara G. Mendiguchia
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