de fundirme en tu abrazo
para volver a respirar.
Ese instante suspendido
donde el corazón late
con la fuerza de una tormenta
y sin embargo
el alma encuentra la paz.
El segundo antes de tocarnos,
donde el universo entero,
se reduce a la distancia
entre tu cuerpo y el mío.
Donde el mundo
deja de existir
Donde mi corazón
se acompasa con el tuyo
Donde las almas
se reconocen en silencio.
Donde seamos dos cuerpos
intentando ocupar
el mismo espacio,
una rendición total
ante la fuerza del deseo
que nos oblige a fundirnos
hasta que la piel
deje de ser frontera.
Tengo una necesidad vital.
Sara G. Mendiguchia
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