Me trajiste el corazón de vuelta.
Me había acostumbrado a tenerlo extraviado, lo había perdido en algún lugar del pasado, creo que lo dejé arreglando y me olvidé de recogerlo.
Y caminaba con un vacío que ya ni dolía, como ese rompecabezas al que le falta una pieza.
Al principio molesta, luego lo ignoras, como a un cuadro torcido en la última pared de la casa.
Durante mucho tiempo, caminé con ese hueco extraño en el pecho, convencida de que mi corazón se había quedado enredado en algún ayer, o que simplemente se había cansado de latir con fuerza.
Y justo cuando ya me había acostumbrado al silencio de un pecho que no esperaba nada:
En tus manos: mi corazón.
Y llegaste
Sin anuncios
Y trajiste de vuelta ese pedazo de mí que yo ya daba por perdido.
Y latió de nuevo.
Y me trajiste el corazón de vuelta.
Sara G. Mendiguchia
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