Que sólo el olvido hable de ti.
Que ya no existe el ayer.
Se esfumó.
Como las gotas del rocio al calor del sol.
Ya solo son los reglones torcidos de una historia inacabada, vacia y sin sentido.
Ya no perturba el alma lo que decidí que se perdiera entre los intervalos de los segundos del reloj de pared. ¿Alguién los escucha?
No, son o fueron, pero nadie los ve, nadie los oye. Nadie sabe donde van.
Yo ya tampoco.
Y ahora solo tengo lienzo en blanco para escribir sobre nuevos segundos, sobre nuevos amaneceres, sobre las lineas sin marcar, nuevas huellas para pisar caminos virgenes, virgenes de ti de mi. Todo por comenzar, todo por explorar, todo por escribir.
Todo por vivir.
Sara Gomez Mendiguchia
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