Son los domingos que se van con la rapidez de un rayo mientras oyes alejarse la tarde.
Los domingos son como el pasillo vacío de un teatro cuando la función ya terminó.
Es cuando el motor se apaga y te quedas un minuto en silencio dentro del coche, sabiendo que en cuanto abras la puerta, la rutina te va a golpear con su aire frío.
Es la nostalgia de algo que todavía no se ha ido del todo, pero que ya estás extrañando. El domingo a las seis de la tarde es ese suspiro largo que das antes de aceptar que, una vez más, el tiempo te ganó la partida.
Es la Luna esperando un nuevo ciclo.
Sara G. Mendiguchia
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