miércoles, 26 de agosto de 2026

Sosiego

Ya no corro detrás de los incendios; ahora me siento a ver cómo se apagan. Me costó noches enteras de tormenta entender que mi pecho no tenía por qué ser el refugio de los rayos ajenos. Hoy mi silencio no es vacío, es mi casa limpia, el único rincón del mundo donde el ruido de afuera no tiene permiso para entrar.
Miro mis manos y sé que siguen siendo las mismas, pero ya no se estiran con desespero para retener lo que se quiere ir. Aprendí a suplicar menos y a respirar más. Sentir desde esta calma no me hace de piedra; me hace de madera flotante, capaz de cruzar el río más profundo sin ahogarme en el intento. No espero nada del mañana, ni le debo nada al ayer. Estoy aquí, conmigo, y por primera vez en mucho tiempo, eso es más que suficiente.

Sara G. Mendiguchia

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