Hay fuegos que no necesitan ser entendidos, solo necesitan que alguien se atreva a arder en ellos.
Es el deseo de devorar y ser devorado, de fundir los huesos con los huesos y perder la noción de dónde termina un cuerpo y empieza el otro.
No se puede explicar.
Es la tormenta perfecta, el mar rugiendo feroz contra las rocas, el rayo partiendo el cielo, la lluvia que penetra hasta los huesos.
Es el cielo y el infierno a la vez. Encontrándose.
No preguntes por qué.
Hay incendios que son el único lugar donde vale la pena vivir.
Sara G. Mendiguchia
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