lunes, 5 de enero de 2026

Grietas

Dicen que el alma es invisible, pero cuando se quiebra, pesa más que el cuerpo entero. No suena como el estallido de un cristal contra el suelo, es un crujido sordo, una grieta que avanza sin prisa por los pasillos del pecho, apagando las luces a su paso.
Una niebla espesa que no deja ver más que tus pies. Solo te queda caminar con las luces apagadas, el sonido sordo de tu alma e intentar cerrar las grietas de tu pecho. Cargando los pedazos que queden de tí y recomponiendo un cuerpo como quien recompone un jarrón estampado en el suelo, sabiendo que las cicatrices formarán ya parte de esta nueva vida. 

Y que en esas fracturas reside una extraña verdad, que solo por las grietas de lo que se rompe puede entrar de nuevo la luz. 

Sara G. Mendiguchia

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