Justo en esa intersección, donde el pulso acelerado conecta con la mirada más lúcida, es donde conectamos con lo real.
Mi corazón es un músculo insaciable que se llena con tu nombre. Es un incendio que nace en el centro de mis huesos y sube como un grito mudo hasta quemarme los labios.
Mi corazón es un animal salvaje.
Mi razón no es espectadora, es cómplice.
Es estar entre el caos absoluto y el orden matemático.
Sara G. Mendiguchia
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