Que sin darnos cuenta engulle los días como un sumidero engulle el fango y se van como los días con prisas, en un suspiro eterno.
Pero somos seres de tierra, de agua, de aire.
Estamos hechos de la solidez de los huesos y de la volatilidad de los pensamientos.
Y hay días que la tierra te lo recuerda, te recuerda que le pertenecemos y te muestra toda su belleza, su fuerza y su fragilidad, todo al mismo tiempo, fiel reflejo de lo que somos.
Tan etérea, tan tangible como volátil, tan inmensa como quieras sentirla.
Andar entre dos mundos es transitar entre lo que somos por costumbre y lo que somos por instinto.
Naturaleza.
Sara G. Mendiguchia
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