Siento que si parpadeas dejarás de verme.
Tengo un ruido en la cabeza que me lleva a la incertidumbre. Es querer con la fuerza de un huracán y mi seguridad se desmorona como un castillo de arena, mientras el viento huracanado se lleva mi cordura y me deja habitando fantasmas.
Siento que camino de puntillas por corazones ajenos, intentando no hacer ruido.
Porque a veces este cuerpo alberga un vacío que tiembla.
Y en las horas donde las sombras se alargan y desaparecen siento como mi cuerpo se convierte en una prisión de cristal. Si me tocas con demasiada fuerza, me romperé en mil pedazos y no sabrás como recogerlo.
Me siento tan pequeña como una nota a pié de página, tan sólo un apunte en la historia de tu vida.
Me quedo sentada en mi centro del huracán esperando que un día me mires de verdad y te des cuenta de que no hay nada en mí que valga el esfuerzo para lidiar con mis tormentas, me escondo detrás de mis propios silencios, intentando ocupar el menor espacio posible, esperando que mi fragilidad no te resulte agotadora.
Sara G. Mendiguchia
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