jueves, 19 de marzo de 2026

Papá

A mi padre, porque aprendiste a ser padre desde el primer hijo hasta con el último, incluso porque seguiste aprendiendo a ser mejor padre cuando ya nosotros cuidabamos a nuestros hijos. 
Por las veces que perdiste la paciencia y también por las veces que echaste paciencia de más. Por tu esfuerzo por sacarnos adelante con poco, con mucho y a veces con nada.
Por aprender a decir te quiero y a llorar, aunque te enseñasen que los hombres no lloran. 
Por siempre tener un libro en la mano y por tu infinita curiosidad. 
Por el amor a mamá. 
Por no abandonar. 
Por lo que amaste a tus nietos. 
Por lo que nos amaste incluso cuando no nos dábamos cuenta. 
Por equivocarte. 
Por aprender. 
Por cambiar.
Por estar. 
Por ser. 
Por enseñarme tanto, tantas cosas. 
Por todas las lágrimas que derramo mientras recuerdo, mientras te recuerdo. 
Por las que te hice derramar. 

Y perdón por no ser una hija perfecta, aunque sé que tú me amaste igualmente. 

   Y como siempre "canturreabas" tú:

Gracias 
            por haberme amado tanto 

Sara G. Mendiguchia

Un lugar

Me pregunto cuál es mi sitio preferido en el mundo y yo simplemente pronuncio tu nombre y aparece. 
Porque es el latido que siento cuando estoy cerca de ti. 
Es el lugar perfecto donde mi alma consigue quitarse la armadura. 
El eco de tu voz que calma mis miedos y son tus brazos donde se desvanecen las fronteras. 
Es donde el tiempo deja de contar para convertirse en único presente. 
Porque no existe puesta de sol ni maravilla en el mundo que supere la paz que me da el simple hecho de que existas.
Porque el amor no es ir a ninguna parte, es habitar en ti.

Sara G. Mendiguchia

viernes, 13 de marzo de 2026

Intangible

No se puede explicar. 
O sí, pero es difícil describir con palabras lo intangible de un sentimiento tan profundo, tanto que no llegas a ver el fondo, tan inmenso que es como mirar el horizonte de un mar y jamás sabrás lo profundo que puede llegar a ser, aún donde ves el horizonte... continúa y no sabes donde está el final, ni siquiera el principio. 
No hay principio porque el principio eres tú. No hay final porque el horizonte se prolonga hasta el infinito. 
Inspiras y no llegas a llenarte nunca. Nunca. 
No lo puedes tocar. 
No lo puedes ver. 
No lo puedes medir. 
Solo lo puedes sentir. 
Adentro, muy adentro. 

Sara Gómez Mendiguchía

miércoles, 11 de marzo de 2026

Ojalá

«Ojalá» no es solo una palabra; es un puente suspendido entre el deseo y la realidad. 
Creo que es la interjección más romántica de nuestro idioma, pues lleva impreso la entrega total a algo que no controlamos.
Es una palabra que sabe a esperanza, 
pero también a una dulce vulnerabilidad. 
Es un anhelo puro. 
Es la belleza de lo que aún puede ser, 
el brillo en los ojos antes de un reencuentro 
y la música que suena en el silencio cuando pienso en ti.
Es un latido, un puente de seda entre el alma y la suerte, la interjección de un pecho conmovido que en cinco letras busca retenerte.
Es la esperanza que no tiene prisa,
el beso que aguarda en la oscuridad,
la curva perfecta de una sonrisa
pidiéndole un guiño a la eternidad.

Ojalá


Sara G. Mendiguchia

martes, 10 de marzo de 2026

Que solo el olvido me hable de ti

Que sólo el olvido hable de ti.
Que ya no existe el ayer.
Se esfumó.
Como las gotas del rocio al calor del sol.
Ya solo son los reglones torcidos de una historia inacabada, vacia y sin sentido.
Ya no perturba el alma lo que decidí que se perdiera entre los intervalos de los segundos del reloj de pared. ¿Alguién los escucha?
No, son o fueron, pero nadie los ve, nadie los oye. Nadie sabe donde van.
Yo ya tampoco.
Y ahora solo tengo lienzo en blanco para escribir sobre nuevos segundos, sobre nuevos amaneceres, sobre las lineas sin marcar, nuevas huellas para pisar caminos virgenes, virgenes de ti de mi. Todo por comenzar, todo por explorar, todo por escribir.
Todo por vivir.

Sara Gomez Mendiguchia


miércoles, 4 de marzo de 2026

CORAZÓN

Me trajiste el corazón de vuelta. 
Me había acostumbrado a tenerlo extraviado, lo había perdido en algún lugar del pasado, creo que lo dejé arreglando y me olvidé de recogerlo. 
Y caminaba con un vacío que ya ni dolía, como ese rompecabezas al que le falta una pieza. 
Al principio molesta, luego lo ignoras, como a un cuadro torcido en la última pared de la casa. 
Durante mucho tiempo, caminé con ese hueco extraño en el pecho, convencida de que mi corazón se había quedado enredado en algún ayer, o que simplemente se había cansado de latir con fuerza.
Y justo cuando ya me había acostumbrado al silencio de un pecho que no esperaba nada:

En tus manos: mi corazón. 
Y llegaste 
Sin anuncios
Y trajiste de vuelta ese pedazo de mí que yo ya daba por perdido. 

Y latió de nuevo. 

Y me trajiste el corazón de vuelta. 

Sara G. Mendiguchia

domingo, 1 de marzo de 2026

Sobrepensar

Esa sensación de que tu cerebro no solo analiza las cosas, sino que las somete a una autopsia en tiempo real, desde diecisiete ángulos distintos, incluyendo dimensiones que probablemente ni existen.
Es una forma extraña de arquitectura mental: construyo ciudades enteras basadas en una sola mirada, solo para derrumbarlas diez minutos después cuando encuentro un detalle nuevo.
Es una alerta creativa, el silencio es un lienzo en blanco donde mi ansiedad escribe, a veces, por encima de todas las posibilidades. 
Quizás mi manera de pensar sea rara, pero es la única forma que conozco de asegurarme de que no me estoy perdiendo nada de este caos llamado vida. 
A veces mi mente crea problemas que no existen, quizás, para que duelan menos si llegan a hacerse ciertos. 
Y otras crea, crea desde tus ojos, desde el amor, desde lo que dices y lo que no. 

Sí, lo sé, es mi mente es un caos. 

Sara G. Mendiguchia

Miedos

Tengo miedo
y no es del precipicio 
en el cual me asomo 
no queriendo caer 
irremediablemente. 
Es miedo a aprender
a volar a tu lado. 
Tengo miedo de la velocidad
con la que te has filtrado 
entre mis grietas. 
Me asusta que mi felicidad 
haya empezado 
a rimar con tu nombre. 
Es el vértigo de saber 
que has encontrado las llaves 
de algo que estaba cerrado 
con mil cerrojos. 
Sostengo tu mirada 
como quien sostiene 
una llama entre las manos: 
con la urgencia 
de no dejarla morir,
pero con el miedo 
atroz a terminar 
con la piel marcada. 
Es querer ir hacia 
el lado contrario 
sabiendo que caminaré hacia ti. 
Es estar entre la contención 
y la claudicación. 
Todo a la vez. 
Y sin embargo 
me entrego 
a la incertidumbre 
de un nosotros 
como si no hubiese 
un mañana. 


Sara G. Mendiguchia

Indomable


Soy alma indomable, no puedes habitar en mi sin provocar un incendio a campo abierto. 
No temo al vértigo de una presencia que no sabe pedir permiso ni entiende de muros. 
Habitar desde la pasión ingobernable es una danza de intensidades compartidas. 
Es casi insoportable, porque habitar en alguien ingobernable es el vértigo de ser amado por alguien que no puede ser domado por el tiempo, ni por la distancia, ni por la lógica.

Y si decido habitar en ti, no pido permiso, lo hago con la ferocidad de quien no tiene más patria que el abismo y la piel.
Echaré raíces en tus silencios, derribaré las puertas de tu cordura para que el aire entre salvaje, ese aire que corta pero que te obliga a sentirte vivo. 
No dejaré piedra sobre piedra en tu intervalo de certezas. 
Porque cuando un alma salvaje hace nido en el pecho de otro, no lo hace para descansar; lo hace para que ambos, de una vez por todas, aprendamos a arder sin miedo a consumirnos.


Sara G. Mendiguchia

Hoguera

Y encendimos una hoguera 
en medio del invierno 
y en nuestro fuego 
hicimos un refugio. 
Le declaramos la guerra 
a la distancia 
y nos Invadimos 
como dos almas 
buscando hogar.
Encontramos el lugar 
donde el mapa se termina, 
como si el mundo entero 
se hubiera reducido 
a la distancia 
que separa 
nuestras respiraciones.


Sara G. Mendiguchia

De ti

Me enamoré de ti como quien se enamora de un amanecer, casi sin darse cuenta,sin miedo a la distancia, solo buscando la luz. 
Como si hubiese encontrado el idioma de mi alma y lo escuchase por primera vez en voz alta. 
Me enamoré como el amanecer se enamora del primer destello, el momento exacto donde el cielo deja de ser negro para encontrar el estallido de oro que rompe la noche. 
Como el sol de verano que no pide permiso y lo reclama todo. 
Como una claridad violenta que incendió mis sombras y me obligó a despertar.
Tengo tantos como que no terminaría 

Contigo aprendí que el amanecer no es una hora del día, sino el lugar exacto donde tus ojos se cruzan con los míos. 



Martes


Y no sabía que un martes cualquier pudiera albergar tantos sueños. 
Un martes, los martes no hablan, solo transcurren, se dejan llevar como las hojas de otoño por el viento, los martes se amontonan en un rincón para verlos pasar entre el devenir de las cosas por hacer, son el dejarse llevar de entre semana, no tienen el entusiasmo de un viernes, ni el hastío de los lunes, ni el casi algo de los jueves. 
Y sin embargo ahora huelen a mar, al tacto de la arena, a ese primer 'hola' donde las paredes de mi soledad se volvieron transparentes, donde no sabía tu nombre completo, ni tus miedos, ni el color de tus sueños, pero sentí esa calidez de domingo por la tarde, ese refugio que solo se halla bajo el propio techo. Me sentí en casa y no lo sabía porque era martes y los martes no pasa nada... 
Y pasó todo. 


Sara G. Mendiguchia

domingo, 22 de febrero de 2026

Me habitas

Me habitas, 
me provocas 
y me arrancas 
con una intensidad 
que no sabía 
que podía albergar. 
Es una danza invisible 
donde mi lógica 
se rinde a tu fuego. 
Me rozas el alma 
con un hambre 
que desborda el tiempo. 
Hay una fuerza en ti, 
algo que no se ve 
pero se impone, 
que atraviesa 
mis defensas 
sin pedir permiso. 
Eres el pulso 
que acelera mi calma.


Sara Gómez Mendiguchia

viernes, 20 de febrero de 2026

Desasosiego

Siento un desasosiego difícil de explicar. 
Siento un suspiro sin terminar entre mi pecho y mi boca. Como si se resistiese a salir. No sé si son las palabras que no pronuncio las que guardan ese aliento. 
A veces se mezclan los tiempos en mi cabeza y me hacen sentir miedo, pero no es miedo... 
Es algo más puro, más bello, más delicado. 
Es como si me negara la posibilidad de vivir, porque después de sobrevivir, vivir me asusta. 
Pero resulta que me lancé de cabeza y lo inalcanzable se hizo presente, tangible y lo alcancé. 
No lo sé, quizá no sea un suspiro queriendo salir. 
Quizásea un corazón descontrolado. 
Quizá sea que me está floreciendo un jardín el el corazón. 
Quizás. 


Sara G. Mendiguchia