lunes, 2 de febrero de 2026

Resurgir

Hay victorias que se fraguan
en las noches más oscuras, 
cuando piensas que el amanecer 
no va a llegar. 
Pero la vida siempre resurge 
como un brote verde sobre las rocas. 
Como los bosques en invierno, 
parecen un cementerio de ramas secas 
y sin embargo por sus venas 
corre un torrente de vida, 
que  oculto bajo la serena mirada de la luna, espera paciente su renacer. 
Es la pasión de la semilla 
que quiebra la roca, 
el torrente que desborda el alma 
y ese astro nocturno que, 
tras ser devorado por las sombras, 
se alza de nuevo sobre el horizonte, 
más pálido, 
más soberbio, 
más eterno.


Sara G. Mendiguchia


miércoles, 28 de enero de 2026

Dudas

Me entraron todas las dudas 
y no supe que hacer con ellas. 
Estallaron en el centro de mí, 
como una bomba nuclear, 
Primero hacia dentro 
y luego hacia fuera y
y se llevaron todo, 
arrasando mi mente. 
Me sentí en un laberinto
que yo misma construí
Y no supe que hacer con ello. 
Intente buscar una salida lógica
pero la lógica no se entiende 
con un corazón nublado. 
Y me quedé quieta, 
inmóvil. 
Parada. 
No huí de la bomba
Ni intenté salir del laberinto. 
Me quedé entre la niebla. 
Quieta. 
Porque a veces
no saber que hacer
es la una respuesta honesta. 


Sara G. Mendiguchia



lunes, 26 de enero de 2026

Descifrar

No puedo descifrarlo 
y quizás eso sea lo mejor, 
quedarse en el misterio de no saber 
pero querer entenderlo todo.

Completo los espacios vacíos 
como si ya estuviesen escritos. 

Y sé que no. 

Mi curiosidad  no tiene límites 
y busco certezas en mi cabeza 
para poner orden al caos de mi mente 
y aplacar la incertidumbre 
que asola mi alma.
Construyo un puente 
para no sentir el abismo bajo mis pies
y lo lleno de historias 
para sentirme más cerca 
de lo que aún no comprendo. 
Mientras 
voy encajando un puzzle, 
casi infinito, 
con las piezas de las certezas 
y las que yo me invento. 

Sara G. Mendiguchia



Sara G. Mendiguchia

viernes, 23 de enero de 2026

Pupilas

Me pierdo, 
porque en tu mirada 
el mundo exterior 
se vuelve ruido blanco. 
Busco ese punto exacto 
en tus pupilas 
donde no necesito explicaciones, 
donde mi nombre no es una palabra, 
sino un eco tu pensamiento. 
Es una urgencia casi física 
de naufragar en tu iris, 
de dejar que la marea de tu mirada 
borre mis huellas 
y me despoje de todas mis certezas.
Es irracional, 
lo sé, 
buscar refugio 
en algo tan vasto e inasible. 
Pero hay una paz extraña 
en el hecho de no encontrar 
el camino de vuelta, 
en aceptar que prefiero 
estar perdida en ti 
que perfectamente ubicada
en cualquier otro lugar.

Sara G. Mendiguchia

jueves, 22 de enero de 2026

Al montañero


Hoy le he hablado a la montaña de tí, le mostré al universo tus pasos y te reconoció. 

Y la tierra me susurró un mensaje para tí:

Te reconozco. 
Viajero incansable de mis senderos. 
Siento tus pasos ligeros, aquellos que no buscan herir mi piel de roca ni asustar a mis hijos alados.
Te reconozco. 
Porque ves sagrada cada flor silvestre y cada criatura que habita bajo mi manto estrallado, como dueñas de este suelo que pisas. 
Porque protegiendo mi hogar, proteges tu refugio. 
Sé que amas mi silencio tanto como yo. Por eso, te regalo el aire más puro y la vista más clara. Cuando te sientas cansado, apoya tu espalda en mis pinos y deja que mi pulso, que es el de la tierra misma, calme el tuyo.
Te reconozco. 
Porque ves en estas mis tierras, un templo vivo por el que vivir, mientras me ames y me cuides, mis senderos siempre serán tu casa. 
Mientras me ames con esa fuerza desesperada y me cuides como se cuida lo más sagrado, mis senderos no sólo serán tu camino, serán tu propia carne. 
Eres parte de la roca, del musgo y del águila que me sobrevuela. 

Sara G. Mendiguchia. 




miércoles, 21 de enero de 2026

Quiero

Quiero abrazarte 
hasta que nuestras almas 
no sepan diferenciar 
donde termina una
y empieza otra. 
Que las barreras de la piel
desaparezcan por completo, 
se vuelvan invisibles 
y que los latidos de mi corazón 
aprendan el compás de los tuyos. 
Fusionarme contigo 
y que el mundo se detenga 
solo para nosotros. 
Quiero que nuestras almas 
se entrelacen de tal manera 
que se vuelvan una sola esencia, 
refugiadas y seguras 
en el calor de este encuentro. 

Sara G. Mendiguchia

Feliz día del abrazo 🫂

Vulnerables

A menudo confundimos la fuerza con la armadura, creyendo que ser invulnerables nos hace libres, cuando en realidad solo nos distancia. Y sin embargo, creo que el acto más valiente que podemos realizar es el de permitirnos ser vistos, con nuestras grietas, nuestras dudas y ese rincón del alma que normalmente guardamos bajo llave.
Y no es fragilidad, es saber que no tenemos todas las respuestas, 
          y está bien. 
Es mostrar nuestras sombras y que las abracen, porque justo ahí es donde pueden abrazarnos, sin máscaras ni armaduras. 
           Y está bien. 
Aún cuando sintamos que nos harán daño de nuevo. 
Porque no se trata de sobrevivir, sino de vivir. 
           Y está bien. 

Y lo digo yo, que tengo el arte de ponerme y quitarme la armadura a cada instante. 

           Y está bien. 


Sara G. Mendiguchia

martes, 20 de enero de 2026

Caperucita

El bosque nunca había parecido tan denso ni tan vivo como aquella tarde de 2026. Bajo la pesada capa de seda escarlata, tu piel ardía con una mezcla de anticipación y audacia. No eras la niña perdida de los cuentos antiguos; eras la dueña de tus pasos, consciente de que cada crujido de las ramas era un aviso de que el Lobo ya te estaba acechando.
Te detuviste en el claro donde las sombras se alargan, dejando que la capucha cayera sobre tus hombros. El frío del aire contrastaba con el calor que emanaba de tu cuerpo. Sabías que él no buscaba el contenido de tu cesta, sino la piel que se adivinaba tras el encaje y el terciopelo.
—Sal de la oscuridad —susurraste, sintiendo su mirada depredadora recorriendo tu espalda.
Apareció como una sombra imponente, con ojos que brillaban con un hambre que no se sacia con comida. No hubo miedo, solo un reconocimiento eléctrico entre cazador y presa que han decidido intercambiar los roles. Cuando sus manos, rudas y expertas, rozaron el borde de tu capa roja, el bosque pareció contener el aliento.
Él era el peligro que habías estado buscando, y tú eras la tentación en la que él deseaba perderse. En ese rincón olvidado del mundo, entre el aroma a roble y el pulso acelerado, la fábula se transformó en un encuentro de piel contra piel, donde los colmillos solo servían para marcar el ritmo de un deseo salvaje e inevitable. Aquella noche, el lobo no devoró a Caperucita; ambos se consumieron en el fuego de un hambre compartida.


Sara G. Mendiguchia

Fuegos

 Hay pasiones que son como fuerzas de la naturaleza: existen porque tienen que existir.
Hay fuegos que no necesitan ser entendidos, solo necesitan que alguien se atreva a arder en ellos.
Es el deseo de devorar y ser devorado, de fundir los huesos con los huesos y perder la noción de dónde termina un cuerpo y empieza el otro.
No se puede explicar. 
Es la tormenta perfecta, el mar rugiendo feroz contra las rocas, el rayo partiendo el cielo, la lluvia que penetra hasta los huesos. 
Es el cielo y el infierno a la vez. Encontrándose. 
No preguntes por qué. 
Hay incendios que son el único lugar donde vale la pena vivir.



Sara G. Mendiguchia

domingo, 18 de enero de 2026

Bosque

Los árboles guardan historias, leyendas que el bosque teje,
y el eco de un antiguo canto que la noche desata. 
El bosque es un testigo mudo, donde los árboles guardan secretos. 
Secretos donde la vida y la muerte comparten espacio. 

Caminar por este bosque es comprender que nosotros también somos parte de ese equilibrio. Cada respiración nuestra es vida que tomamos del aire que los árboles exhalan, y cada paso nos recuerda que, al final del sendero, la tierra nos espera con la misma ternura con la que recibe a la semilla. En el bosque, nada se pierde, todo se transforma en un suspiro de pasión por la existencia.

Sara G. Mendiguchia


Sara G. Mendiguchia