en las noches más oscuras,
cuando piensas que el amanecer
no va a llegar.
Pero la vida siempre resurge
como un brote verde sobre las rocas.
Como los bosques en invierno,
parecen un cementerio de ramas secas
y sin embargo por sus venas
corre un torrente de vida,
que oculto bajo la serena mirada de la luna, espera paciente su renacer.
Es la pasión de la semilla
que quiebra la roca,
el torrente que desborda el alma
y ese astro nocturno que,
tras ser devorado por las sombras,
se alza de nuevo sobre el horizonte,
más pálido,
más soberbio,
más eterno.
Sara G. Mendiguchia